Vender felicidad para gestionar la tristeza
- Psiatodo Consultas
- 30 nov 2025
- 1 Min. de lectura
¿De dónde nace con tanta fuerza el imperativo de “ser positivo”, “estar bien”, “ser feliz”, si no es desde un intento de negar un estado subyacente?

Los discursos de positividad toxica aparecen como defensas a la tristeza disfrazados de bienestar. El mandato debería decir: “Sé feliz todo el tiempo… así nunca llegás a darte cuenta de que estás triste”.
¿Por qué se tiene que repetir con tanta insistencia “se feliz”, si no es porque la gente anda masivamente triste, agotada y con la autoestima baja?
Mientras estos eslóganes se multiplican, los consultorios se llenan de personas con depresión, ansiedad, angustia, vacío y autoexigencia. No es “pensamiento positivo”:es un intento de negar los efectos que la época produce.
Sonríe o muere
Barbara Ehrenreich señala que el pensamiento positivo no es solo una filosofía de vida: es un negocio. Hay una industria que se beneficia del mandato de “ser optimista”.
Se establece una dictadura emocional: la obligación de estar siempre agradecidos, sonrientes y felices. El objetivo no es el bienestar, sino silenciar los problemas frente a la falta de mecanismos eficaces para enfrentar las fuentes de malestar subjetivo.
¿Somos positivos… o estamos maníacos?
Cuando Freud pensó la manía, la denominó como un intento (fallido) de negar la pérdida y el trabajo de duelo. La positividad funciona como defensa maníaca: tapar lo real con euforia. El mandato de ser feliz es superyoico. Cuanto más se pide, menos se puede. Cuanto menos se puede, más se insiste. Y cuanto más sin éxito se insiste … es la angustia la que motoriza el intento.



Comentarios